El contacto materno puede determinar el metabolismo y el sistema inmune del bebé

El contacto físico de los bebés con sus madres o con sus cuidadores determinará el correcto desarrollo social y cognitivo de ellos. De acuerdo a un estudio, se logró concluir que recibir poca atención durante la infancia puede producir cambios epigenéticos en algunos genes relacionados con el metabolismo y el sistema inmune.

Investigadores de la Universidad y el Hospital de niños de la Columbia Británica, en colaboración con la Universidad de California en San Francisco y el Instituto Canadiense para la Investigación Avanzada, han avanzado en estudios examinando la relación entre el contacto físico recibido en edades tempranas y la metilación del ADN; ya que esta modificación “epigenética” marca determinadas partes de los cromosomas con moléculas que actúan de cierta manera como interruptures, sin alterar la información que contienen pero controlando la actividad de cada gen.

Las conclusiones de dicho estudio, determinaron que aquellos niños que recibieron poca atención presentaron un envejecimiento epigenético más lento que pueden llegar a ser considerables para su desarrollo, donde también existieron cambios en el patrón de metilación de algunos genes.

Durante el estudio se observó el comportamiento de bebés de cinco semanas de edad y la cantidad de tiempo que los padres pasaban con sus hijos, además del contacto físico. Los científicos tomaron muestras del ADN de los niños cuando estos cumplieron 4 años, a fin de evaluar las alteraciones del patrón de metilación de cinco regiones específicas del ADN.

Este análisis reflejo diferencias entre los niños que recibieron mucho contacto físico y los que no. Los investigadores pudieron observar esas alteraciones, donde dos ellas fueron muy significativas, pues afectaban a genes relacionados con el metabolismo y el sistema inmune. En el caso de “edad epigenética” fue menor de la esperada en los bebés que recibieron poca atención, contacto o experimentaron mayor angustia.

Sin embargo, aún se desconoce el modo en que estos cambios epigenéticos pueden afectar la salud o el desarrollo de los bebés, pero todo apunta que las consecuencias son perjudiciales.

Esther R.

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